martes, 3 de enero de 2012

La isla de las flores, ¿civismo o salvajismo..?

Tras ver el gran cortometraje realizado en Porto Alegre, Brasil, quedo plasmado la inquietud por saber más de  lo que nos rodea y sobre todo de lo  que realmente estaba sucediendo en un lugar tan apartado como este. A mi parecer, la vida  de un simple  tomate podría esconder tantas desgracias y negligencias juntas, es intolerable que en tiempos como estos sigamos  observando la  vida desde un prisma de desinterés, poca humanidad, falta de respeto y una absurda empatía por los demás, es decir, somos mentirosos y poco realistas, ya que nos  creemos nuestras propias mentiras.  La isla de las  flores, es un ejemplo de  las desigualdades de  las que somos consientes y pasamos  como borregos  sin compromisos sociales ante tales aberraciones, ese es el futuro con el que deseamos premiar a nuestras próximas generaciones, en el que el individualismo y el egocentrismo, radican en la proyección de almacenar bienes y  con el principal ingrediente de el DINERO. Por desgracia en esta fosa séptica o pozo de eces  fecales,  llamada Tierra los habitantes de la Isla de las Flores podrían considerarse afortunados ya que se les permite acceder a lo que ni los cerdos quieren, todo un lujo respecto a otras zonas del globo. Mi fe en los seres de telencéfalo altamente desarrollado y pulgar oponible se debilita cada día que pasa. Como seres totalmente carentes de empatía, crueles y egoístas que somos como raza, creo que nos merecemos el desenlace fatal que nos espera. El mundo está loco, se premia ser más que el vecino, o tener más que los demás, pero la empatía o el humanismo brilla por su ausencia. En un mundo sin valores éticos cualquier cosa es posible, no se puede cerrar los ojos o mirar a otro lado con estos temas, debemos ser maduros y entender que esto no es digno de nadie, solo por nacer a un lado o al otro de una frontera. No contribuyamos más a las desigualdades que los mercados nos imponen y  la compra masiva de cosas, que ni usaremos con el paso del  tiempo, crecemos como nos imponen sin hacer oído de lo que nuestra conciencia nos dice.
Por ello debemos ser capaces de sentir, oír,  pero sobre  todo comprender no solo los sucesos sino también a las personas que ven sus vidas repercutidas,  por  las grandes catástrofes e injusticias que toleramos cuando en el siglo XXI seguimos viendo y admitiendo estos hechos.  

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